miércoles, 28 de mayo de 2014

DISCUSIONES Y PELEAS

Hay un cuento que habla sobre un barrio con muchísimos edificios, balcones y ninguna flor. Allí vivían dos vecinos que se llevaban muy bien.
Un día creció una hermosa flor. Pero creció justo, justito en medio de las dos casas.
Entonces empezaron los problemas. Uno decía que la planta había crecido en el límite pero inclinada hacia su casa: por lo tanto, la flor era suya. El otro decía exactamente lo contrario. Para él, la flor se inclinaba hacia su casa y por eso le pertenecía. Al principio sólo discutía de vez en cuando.
Pero como ninguno daba el brazo a torcer, se insultaron y hasta llegaron a pegarse. Uno tiraba basura al jardín del vecino. Y el otro devolvía la agresión con pedradas.
Tanto se pelearon, que no sólo quedaron lastimados y con las casas en ruinas, sino que sin darse cuenta, aplastaron a la flor y la mataron.
Al final los dos vecinos se quedaron sin amistad y sin flor.

MORALEJA:
Muchas veces discutimos o nos peleamos con otras personas. Tal vez porque pensamos de diferentes  maneras. Tal vez porque sentimos que nos trató mal, o porque nos dijo algo que no nos gustó. No está mal discutir ni pensar distinto. Pero las peleas son el peor modo de resolver los conflictos.


Ximena, Rocío y Jeremías - Grupo ''B'' 

martes, 27 de mayo de 2014

EL CASTIGO DEL AVARO

Había una vez, un hombre muy rico,  pero  también  muy avaro. Un día acudió a la feria, donde le ofrecieron un jamón muy barato. ¡Se lo compró! Después de todo hizo un buen negocio, porque con ese dinero ni papas hubiera comprado. Y se dio el gran atracón de jamón, manjar que nunca había probado y resultó que estaba  podrido.
Y al día siguiente, aquejado de fuertes dolores, tuvo que llamar al médico. 
-¿Qué has comido? le preguntó el médico. El avaro, entre suspiros, mencionó, su compra barata. 
-¡No creas que has hecho negocio.- se burló el médico. Entre la factura de la farmacia y la mía te va a salir más caro, que haber comprado el jamón podrido.    
THIAGO Y JEREMIAS
GRUPO “A” - 4° “B” 
                                                                                                                                                 

EL MUÑECO DE NIEVE

Había dejado de nevar y los niños, ansiosos de libertad, salieron de casa y empezaron a corretear por la blanca y mullida alfombra recién formada.
La hija de herrero, tomando puñados de nieve con sus manitas hábiles, se entregó a la tarea de moldearla.
-Haré un muñeco como el hermanito que hubiera deseado tener.- se dijo.
Le salió un niñito precioso, redondo, con ojos de carbón y un botón rojo por boca. La pequeña estaba entusiasmada con su obra y convirtió al muñeco en su inseparable compañero durante los tristes días de aquel invierno. Le hablaba, le mimaba…
Pero pronto los días empezaron a ser más largos y los rayos de sol más cálidos… El muñeco se fundió sin dejar más rastro de su existencia que un charquito con dos carbones y un botón rojo. La niña lloró con desconsuelo.
Un viejito, que buscaba en el sol tibieza para su invierno, le dijo dulcemente:
-Seca tus lágrimas, bonita, porque acabas de recibir una gran lección: ahora ya sabes que no debe ponerse el corazón en cosas perecederas.


MORALEJA: Tenemos que valorar a los seres humanos y no a las cosas materiales.
Cuento recopilado por 
Valentina y Romina  5to "B"

miércoles, 21 de mayo de 2014

LA ROSA Y EL SAPO

Había una vez una rosa muy hermosa y bella. Se sentía de maravilla al saber que era la rosa más bella del jardín. Sin embargo, se daba cuenta de que la gente la veía de lejos. 
Un día se dio cuenta de que al lado de ella siempre había un sapo grande y que era por eso que nadie se acercaba a verla de cerca. Indignada ante lo descubierto, le ordenó al sapo que se fuera de inmediato
El sapo muy obediente dijo:
-“Está bien, si así lo quieres...
Poco tiempo después, el sapo pasó por donde estaba la rosa y se sorprendió al ver la rosa totalmente marchita, sin hojas y sin pétalos. Le dijo entonces:
-"Vaya, que te ves muy mal.” ¿Qué te pasó?
La rosa le contestó:
-"Es que desde que te fuiste las hormigas me han comido día a día, y nunca pude volver a ser igual.
El sapo solo le contestó:
-"Claro, cuando yo estaba aquí comía a esas hormigas y por eso siempre eras la más bella del jardín."
MORALEJA:
Muchas veces despreciamos a los demás por creer que somos más que ellos, más bellos, mejores, o simplemente que no nos "sirven" para nada. Nadie sobra en este mundo, todos tenemos algo especial que hacer, algo que aprender de los demás o algo que enseñar, y nadie debe despreciar a nadie. No vaya a ser que esa persona nos haga un bien del cual ni siquiera estemos conscientes.

Cuento tradicional con moraleja 
recopilado por Milagros 6to "B"



El príncipe feliz (parte 2)


El príncipe feliz (parte 1)